AGVA ARQUITECTURA Y DISEÑO

HUMAN ZOO     

 

 

 

Concurso_            Zoológico vertical

Locación_             Buenos Aires, Argentina

Promotor_             Arquitectum

Año_                      2009

Superficie_           7500m2

Proyecto_             AGVA arquitectura + 34lab

Renderización:     34lab

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

THE (HUMAN) ZOO

 

Siempre he creído que en el mundo moderno, el creador de civilización y cultura, en su afán de poder y conquista, emula y controla realidades exógenas para su propio crecimiento, quita lo que ya no sirve, y vuelca en él los sobrantes deshechos de su propia construcción. Así surgió –casi sin quererlo-  en los límites entre lo construido y lo originario: Delos, isla flotante, hecha de restos de una ciudad que quiso ser otra.

En la orilla de enfrente, el habitante de la capital Sanmartina, personaje de este carnaval sombrío, recorre sus calles como un interminable transeúnte intentando la conquista de todos sus pasos. Cuando la vida moderna se vuelve asfixiante, este fatigado animal humano suele hablar de su rebosante mundo como de una jungla de cemento: un “gran zoológico”. Los zoológicos, antos donde animales no humanos son enjaulados, cosificados y exhibidos, consienten lo que el gran público quiere ver: espectáculos. Observar detrás de una reja le posibilita alimentar sus ansias de poder y jerarquía.

El humano conquista lo exógeno. Aislado por perfectos canales  y en espejo al reino Sanmartino de las torres de babel, erige en Delos como un gran árbol a Artemisa, torre animal: su próximo pasatiempo. Esta diosa protectora de los animales salvajes, nace erguida y sensual, con 9 ramas como fragmentos de paisaje que retoman la naturaleza.   

Artemisa ha permanecido cerrada desde que la construyeron. Según cuenta la leyenda, los hombres imaginarios de Delos, -custodios de la isla que habitan el edificio, o mejor dicho, el interior de su cáscara-, murmuran que Artemisa muta tanto como muta su entorno natural; con el clima y las estaciones: su color, sus pieles y follajes, su espesura y transparencia. “En Artemisa se invierten los roles” –afirman-, los hombres curiosos pululan a gatas a diferentes alturas sobre mantos policromos de hojas caducas, niveles que varían de cota tal como varían sus ansias de poder; desde sus jaulas no dejan de ser observados y alimentados por el resto de los animales.

Los refutadores de leyendas de la vecina orilla, juran que jamás nadie ingresó al interior de la torre desde su construcción, y que esto es motivo más que suficiente para descreer de la historia. Sin embargo, prefiero adherirme al beneficio que propicia la duda, y dar lugar a la quimera para deslumbrarme con este consagrado espectáculo, siendo quizás hoy otros sus habitantes, y siendo otros seguramente, nosotros mismos.

Aún aturdido por la confusión que potencia la fantasía, ya dentro de esta gran torre zoológica, me pregunto si ¿no estaremos acaso todos destinados al inexorable desengaño que trae consigo el intento de la conquista y la manipulación?, y me pregunto también ¿por qué es que estoy en esta jaula, sin ropajes, caminando en cuatro patas, observado por un sinfín de animales, y por qué es que me veo a mi mismo como un particularísimo animal: un mono desnudo?

 

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